La fabricación de automóviles en el Reino Unido experimentó una fuerte caída en 2025, alcanzando niveles no vistos en una década. La industria produjo 717.371 automóviles y 47.344 vehículos comerciales, una caída del ocho por ciento respecto al año anterior y aproximadamente la mitad de la producción en comparación con 2015. Esta desaceleración representa el “año más difícil en una generación”, según Mike Hawes, director ejecutivo de la Sociedad de Fabricantes y Comerciantes de Motores (SMMT).
La tormenta perfecta de desafíos
El colapso de la producción no se debió a un solo factor, sino a una confluencia de vientos en contra económicos e industriales. Los cambios estructurales dentro de la industria, junto con nuevas barreras comerciales y un ciberataque paralizante, contribuyeron al declive. El cierre de la fábrica de Vauxhall en Luton exacerbó aún más la situación, afectando la producción de vehículos comerciales.
Sin embargo, el golpe más significativo lo recibió Jaguar Land Rover (JLR). La compañía enfrentó una reestructuración interna con la pausa temporal de la marca Jaguar antes de su planeada reactivación del lujo. Para agravar esto, los aranceles impuestos por Estados Unidos durante la presidencia de Trump hicieron que los vehículos ya premium de JLR fueran menos competitivos. El ciberataque de agosto, que detuvo la producción durante más de cinco semanas y costó aproximadamente 500 millones de libras esterlinas, asestó el golpe final y marcó el incidente cibernético más caro en la historia del Reino Unido.
Dependencia de las exportaciones y cambio eléctrico
A pesar de la crisis interna, las exportaciones siguen siendo cruciales. Tres cuartas partes de todos los vehículos fabricados en el Reino Unido se envían al extranjero, principalmente a Europa, China y Estados Unidos. El Nissan Qashqai, el MINI Cooper y el Toyota Corolla lideran las listas de exportaciones, beneficiándose de la fuerte demanda internacional.
En particular, los vehículos eléctricos e híbridos representan ahora dos de cada cinco automóviles nuevos producidos en el Reino Unido, lo que indica un cambio gradual pero significativo hacia tecnologías más limpias. Esta tendencia es fundamental porque el mercado automotriz mundial está dando cada vez más prioridad a los vehículos eléctricos.
Destellos de esperanza: inversión china y nuevos modelos
El panorama no es del todo sombrío. JLR está buscando una posible asociación con el gigante automotriz chino Chery para aprovechar la capacidad de producción excedente, lo que podría impulsar la eficiencia y salvaguardar los empleos. Además, la reactivación de la producción del Nissan Leaf en la planta de Sunderland promete otro modelo popular para la exportación.
El SMMT prevé un repunte del diez por ciento en 2026, hasta alcanzar las 790.000 unidades, con potencial de superar el millón en los años siguientes. Esta recuperación depende de condiciones económicas favorables, costos energéticos competitivos, evitar nuevas restricciones comerciales y un mercado interno sólido.
“La clave para el crecimiento a largo plazo es la creación de condiciones competitivas adecuadas para la inversión”, afirmó Hawes, subrayando la necesidad de apoyo político para sostener la reactivación de la industria.
La situación actual subraya la vulnerabilidad de la industria automotriz del Reino Unido a los shocks externos y su dependencia de las exportaciones. El camino a seguir requiere asociaciones estratégicas, medidas proactivas de ciberseguridad y un entorno regulatorio de apoyo para garantizar la estabilidad y el crecimiento a largo plazo.























