En 1997, la F-150 de Ford no era sólo una camioneta; fue un punto de inflexión. Durante casi dos décadas, la F-150 había sido el vehículo más vendido en Estados Unidos, pero este rediseño marcó un cambio hacia la fabricación de camionetas tan cómodas y refinadas como los automóviles.
El auge del camión de “uso personal”
En los últimos años, las ventas de camionetas se han disparado, pero los clientes no las compraban sólo para trabajar. Cada vez más, la gente utilizaba camiones como conductores diarios, una declaración social, observó Ford, tan significativa como las aletas traseras en la década de 1950. Aproximadamente el 60% de los compradores de F-150 buscaban un “uso personal”, lo que significa que no querían un vehículo utilitario y tosco. Querían algo que se condujera como un coche alto.
Ford respondió revisando la F-150, centrándose en la rigidez, la insonorización y la comodidad interior. No se trataba de transportar madera; Se trataba de hacer que el camión fuera habitable para los desplazamientos diarios y los viajes familiares. ¿El resultado? Un vehículo que se conducía sin los crujidos y gemidos de las camionetas más antiguas.
Refinamiento interior: un paso adelante respecto a la competencia
La cabina rediseñada ofrecía más espacio y mejor ergonomía que cualquier camioneta anterior, rivalizando incluso con la innovadora Ram 1994 de Dodge. Ford mejoró la amplitud de la Ram con paneles de puertas esculpidos y un tablero más contorneado. Los asientos de tela eran firmes y brindaban apoyo, con un soporte lumbar ajustable manualmente que hacía cómodos los viajes largos.
La cabina en sí se amplió, con una distancia entre ejes más larga y una ventana trasera que se extendía sobre la cama, creando una sensación de mayor amplitud. La atención al detalle fue sorprendente: compartimentos de almacenamiento ocultos, enchufes adicionales de 12 voltios para dispositivos móviles y una columna de dirección inclinable, todo ello contribuyó a una experiencia similar a la de un automóvil.
Rendimiento: sorprendentemente atlético
Debajo del capó, el vehículo de prueba presentaba un motor V-8 de 4.6 litros, que brindaba una aceleración suave y una nota de escape deportiva. La suspensión también fue rediseñada, reemplazando la configuración tradicional Twin I-Beam con un sistema de brazo de control superior e inferior más moderno.
El resultado fue una camioneta que se manejaba sorprendentemente bien, con una dirección rápida y un mínimo balanceo de la carrocería. Si bien la distribución del peso (58,2% delante, 41,8% detrás) hacía que tomar las curvas fuera un poco complicado, la F-150 se sentía ágil y atlética para su tamaño.
El veredicto: un camión sin dolor
La F-150 de Ford fue un logro histórico, combinando la utilidad de una camioneta con la comodidad y el refinamiento de un automóvil. No era sólo un camión; era una declaración sobre cómo los estadounidenses usaban las camionetas y cómo Ford estaba dispuesto a adaptarse.
La F-150 demostró que se puede tener arrogancia de camioneta sin el dolor tradicional de las camionetas.






















