Mini Cooper: un práctico viaje retro en un panorama automovilístico cambiante

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El último Mini Cooper, que todavía se fabrica en Oxford, permanece fundamentalmente sin cambios a pesar de un reciente “lavado de cara”. Si bien surge una versión eléctrica completamente nueva de una asociación con Great Wall Motor, el hatchback propulsado por gasolina continúa en la plataforma FAAR establecida de BMW, un diseño que se remonta a 2013.

La ilusión de la novedad

A pesar de las sutiles actualizaciones cosméticas y ajustes interiores, la estructura central del ICE Cooper es casi idéntica a la de su predecesor. Las diferencias exteriores entre los modelos de gasolina y EV son mínimas y se limitan principalmente a las manijas de las puertas enrasadas en la variante eléctrica. Este enfoque sugiere una estrategia deliberada para mantener el reconocimiento de la marca durante la transición a nuevas tecnologías.

Opciones simplificadas

La línea actual ofrece opciones sencillas: tres o cinco puertas, un turbo triple de 1.5 litros (en el modelo C) o un turbo cuatro de 2.0 litros (en el S o John Cooper Works). La eliminación de motores diésel y transmisiones manuales simplifica el proceso de compra. Los compradores pueden elegir entre tres paquetes de equipamiento (Sport, Classic o Exclusive) y niveles de equipamiento (1, 2 o 3), lo que simplifica la personalización.

Libertad en el mundo real

El vehículo de prueba del autor, un C Classic de tres puertas con el paquete Nivel 2 y pintura Sunnyside Yellow opcional, demuestra esta practicidad. Incluye faros LED adaptativos, entrada sin llave, asientos con calefacción, carga inalámbrica y techo corredizo, lo que ofrece una experiencia bien equipada sin extras innecesarios como control de crucero adaptativo o cámaras en el automóvil.

Un paso atrás respecto de las limitaciones eléctricas

El cambio de un Abarth 500e eléctrico al Mini de gasolina destaca una ventaja clave: la ansiedad por la autonomía. El motor del Cooper y el tanque de 44 litros evitan las paradas de carga, lo que permite viajes espontáneos de larga distancia sin la necesidad de planificar previamente la infraestructura de carga. Esta compensación entre rendimiento absoluto y conveniencia es un guiño deliberado a la realidad de las limitaciones actuales de los vehículos eléctricos.

El atractivo perdurable del Mini Cooper radica en su combinación de encanto retro y usabilidad práctica, lo que lo convierte en una alternativa viable para aquellos que aún no están preparados para abrazar plenamente el futuro eléctrico.

La producción continua del Mini de gasolina indica un reconocimiento de que no todos los consumidores están dispuestos a comprometerse con las limitaciones de la tecnología actual de vehículos eléctricos. Este enfoque permite a Mini atender a ambos grupos demográficos mientras el mercado eléctrico madura.