Las cifras de ventas son brutales. Honda movió sólo 72.000 unidades en Europa el año pasado. Compárese con 2007. En aquel entonces, trasladaron a 313.000. ¿Ahora? Están aproximadamente al mismo nivel que Lexus. Mientras tanto, Mazda y Suzuki duplicaron sus ventas en Europa. Nissan se mantuvo estable en casi 300,00. Toyota ronda los 900.000 aproximadamente.
Hans De Jaeger, presidente de Honda para la región, no oculta la vergüenza. Le dijo a Autocar que Honda “no es un gran jugador”. Ya no.
Pero hay un plan.
No se trata de picos de volumen. De Jaeger declaró explícitamente que la empresa no “duplicará ni triplicará” su huella. Ese no es el objetivo. La estrategia es sostenible. Lento. Saludable. Su objetivo es una cuota de mercado específica de 100.000 unidades en la UE, el Reino Unido y Turquía. ¿El mecanismo? Fabricar coches que realmente hagan sonreír a la gente.
“Realmente queremos ofrecer un producto que toque el punto óptimo”.
Ése es el núcleo del nuevo enfoque europeo. No es genérico. Es “peculiar”.
En el Festival de Velocidad de Goodwood, Honda lanzó el concepto Prelude HRC. Es una versión de carreras del nuevo cupé deportivo híbrido. La ingeniería de deportes de motor se hizo cargo del chasis estándar. Más rápido. Estafador. Más agresivo. De Jaeger no confirmó si este hot hatch específico llegará a las salas de exhibición. No era necesario. El coche es un símbolo.
Representa el regreso de la marca a sus raíces. Sueños de ingeniería. Productos que superan las expectativas. El tipo de máquinas que definieron la marca en sus días de gloria.
Pero no todo son híbridos de alto rendimiento. Mira el Super-N.
El Super-N es un coche urbano. Pequeño. Eléctrico. Peculiar.
La reacción del público ha sido, según De Jaeger, “muy, muy positiva”. ¿Por qué? Encarna el espíritu del Honda City Turbo II de los años 80. Esa fue la inspiración original. El Super-N es práctico, sí. Pero también es alegre.
“Tienes una sonrisa en tu rostro cuando lo conduces”.
Así es como Honda pretende contrarrestar la tendencia dominante. Mientras todos los demás persiguen los SUV y los sedanes eléctricos insulsos, Honda está redoblando su apuesta por un posicionamiento único. El Super-N demuestra que todavía se puede fabricar un coche urbano pequeño y divertido. Es distinto. Es diferente.
De Jaeger señaló tanto el Prelude como el Super-N como prueba de concepto. Uno es un halo de actuación. El otro es un punto de entrada urbano. Ambos comparten un ADN de imprevisibilidad. De carácter.
La caída continúa. La brecha con Toyota sigue siendo enorme. Pero el giro es claro. No están tratando de vender más que todos. Están tratando de superar a todos.
Una reconstrucción lenta. Construido sobre sonrisas.























